24 ene. 2009

Miami Bitch... y sus proxenetas

Julio Herrera


Con bastante frecuencia se escucha decir que “Miami es la más latina de las ciudades norteamericanas”. Pero aunque a primera vista ésa afirmación parece evidente, es falsa. Por el contrario, Miami es la más norteamericana de las ciudades latinas, puesto que aunque el español es el idioma allí predominante y que la cultura y costumbres de sus ciudadanos hispanófonos siguen siendo latinas, su idiosincrasia es neta y radicalmente norteamericana.

Porque si bien es cierto que los Estados Unidos en general, y la Florida en especial, son “la tierra prometida” de los desterrados y desposeídos del planeta, y en especial los desplazados, exiliados y refugiados latinos, no es menos cierto que la asimilación intelectual y moral a la idiosincrasia norteamericana es también el cementerio de la conciencia y la cultura latinas.

Y porque, digan lo que digan los eufemistas y fetichistas de ese supuesto “paraíso de la Libertad”, es forzoso admitir que, al igual que en la serena calma de los conventos existen perversidades inconfesables, en los Estados Unidos, y en especial en Miami, existe una atmósfera moral tan putrefacta que ni los más violentos huracanes han logrado disipar.

Y es que Miami, -denominada como “La capital latina” y comúnmente conocida como “La capital mundial de la salsa”-, es mucho más que la Meca de los faranduleros, artistas, y buscafortunas que convergen a ella fanatizados como si fueran a recibir un “Grammy”: Miami es el discreto pero evidente Bunker de la impunidad del crimen organizado y legalizado internacional, el Pentágono moral de los esbirros y sicarios del sistema, la guarida hospitalaria donde se congrega, como en un “Club Med”, la escoria de secuaces y mercenarios del imperio.

Además, por otra parte, no hay que olvidar o ignorar que la “seguridad interna” del imperio está basada en la homogenización y cretinización de las conciencias para que nadie le pida cuenta del infame vandalismo depredador de su política externa. La plutocracia yanqui sólo puede sobrevivir comprando conciencias, sobretodo conciencias fácilmente sobornables por la necesidad, es decir los advenedizos del llamado “tercer mundo”. Para blindar, consolidar y perpetuar su poder el imperio neoliberal sólo tiene que corromper a los inmigrantes, ya que entre los nativos yanquis quedan muy pocos por corromper, con escasas pero honorables excepciones como Noam Chomsky, James Petras, William Blum, entre otros.

Y ante esa idiosincrasia depravada y depravante es necesario que las conciencias latinas tomen una prudente distancia, como una autodefensa intelectual, no por un nacionalismo sectario, sino por una simple profilaxis moral, por preservar nuestra ética étnica, ancestralmente humanista y solidaria, de la contaminación individualista y mercantilista características de la idiosincrasia yanqui.

Pero sucede, lamentablemente, que aunque prevalece en las colonias latinas el primitivo instinto de manada que los empuja hacia el rebaño étnico, por otra parte muchos inmigrantes, tras su eufórica llegada a ésa “prestigiosa tierra de libertad y bonanza, de oportunidades y prosperidad”,deciden por acomodo, -como niños en Disneylandia,- asimilarse imprudente e incondicionalmente al “Américan way of life” por oportunismo, por aquello de “Donde los locos son mayoría la locura se convierte en un deber del ciudadano convencional”, o simplemente por aquello de “Si no puedes vencer a tu enemigo únete a él”.

Desgraciadamente, en ésa asimilación, la gran mayoría de inmigrantes, exiliados y refugiados adoptan sólo los aspectos negativos de la idiosincrasia yanqui, pues es justo reconocer que si algo positivo tienen los norteamericanos es precisamente el conservarse fieles y orgullosos de ser yanquis en cualquier parte del globo que se encuentren. Los latinos, en cambio, cuando llegan a Norteamérica, (a los Estados Unidos o al Canadá,) sienten vergüenza de su origen étnico y hasta del color de su piel, se orientan en contravía de la conciencia latina, renuncian a su cultura, a sus costumbres, a sus ideales, cambian el sueño de Bolívar por el sueño americano, se convierten en el prototipo del yanqui, (hasta se diría clonados de él), se divorcian de sus raíces, y en fin, escapan de la miseria económica de su país de origen sólo para caer en la miseria moral del país de refugio. No son ya colonias latinas: son latinos física y moralmente colonizados, (norte)americanizados, empeñados en encontrar más razones para justificar la hegemonía sanguinaria del imperio que éste para imponérselas.

Así, olvidando que la riqueza moral latina es infinitamente superior a la riqueza financiera yanqui, muchos inmigrantes, “nuevos socios de la sociedad americana”, olvidan también que ésta “cultura norteamericana” no es otra cosa que una industria de conciencias hecha lo mismo para albergar, producir y exportar mercenarios y terroristas que para aplaudirlos. Porque es también innegable que así como existen los paraísos fiscales, -que son el cofre de seguridad del gangsterismo financiero mundial,- asimismo Miami es el paraíso judicial de dictadores retirados, fugitivos o derrocados, de militares ex-alumnos de la tenebrosa “Escuela de las Américas”, de escrocs, sicarios, mercenarios y tránsfugas de todos los pelámenes.

Esa sociedad gangsteril es como un ghetto, como una cofradía, como una secta hermética donde no se admiten disidentes del evangelio imperialista, donde la oveja que se separe ideológicamente del rebaño se le señala no solo como la oveja negra sino como el lobo del rebaño. Ya lo ha dicho Bush, y lo repiten los siervos del imperio: “El que no está con nosotros está contra nosotros... y deberá atenerse a las consecuencias”.

Es por eso comprensible que ésa convergencia multinacional de sumisos rebaños que conforman los Estados Unidos, (léase Establos Unidos), amantes del despotismo, busquen ser conducidos y bestializados por un cowboy bestial como Bush. (¡Paradójicamente hostil a los inmigrantes!) No de otra manera se comprende su reelección en su circunscripción electoral, Florida, -conformada mayoritariamente por inmigrantes latinos, y predominantemente cubanos-, al igual que la elección del exterminador Arnold Swarsennigger en California.

En esa guarida de disidentes o desertores de la dignidad latina, los engreídos, envalentonados y sonámbulos del “American dream” desdeñan a su país de origen como “republiquitas bananeras’ y miran a sus compatriotas con más arrogancia que un mariscal haitiano. Muchos latinos neoyanquis, en un éxtasis de “patriotismo americano”, en su ingenua presunción se enrolan como “Marines” o se creen los “superman del mundo libre” ignorando que no llegan siquiera al nivel del ridículo Chapulín Colorado. Otros, mientras trabajan limpiando sanitarios en algún hotel, se sueñan frotando la lámpara de Aladino, mientras que muchos otros, aunque se ganen el mendrugo cotidiano pelando cebollas en algún restaurante, se imaginan accionistas del imperio, de la misma talla de los magnates como Bill Gates, y hasta caen en profunda depresión cuando bajan en la Bolsa de Valores los dividendos de las multinacionales yanquis. Por eso, -al igual que en las Juntas Directivas de accionistas de las multinacionales,- ellos están siempre en total acuerdo con las decisiones y veredictos hegemonistas de los “grandes lideres” de Washington y el Pentagono.

José Martí dijo: “Viví en el monstruo y conozco sus entrañas”. Y los neoyanquis que han perdido sus entrañas latinas dicen con orgullo: “Vivo en el monstruo y lo llevo en mis entrañas” Ellos se han tornado en seres sin conciencia, sin moral, sin escrúpulos. ¿Sin conciencia? Perdón. Digo mal. Sí, la tienen, ¡pero conciencia imperialista! puesto que están física y moralmente, por así decirlo, “bajo nueva administración”, donde sólo los “bu$ine$” importan.¡Ellos no son ya pro-imperialistas: son el imperialismo mismo! Para ellos la dignidad, el humanismo, la fraternidad y la solidaridad latinas son anacrónicos, son sólo un tabú, algo que debe callarse como un vicio, un lastre que hay que tirar por la borda para ascender hacia las alturas del éxito. “Hay que estar en la honda” es su sola justificación.

Que “Miami es un fastuoso y apacible paraíso de la libertad y la democracia”, esgrimirán como argumento los eufemistas y apologistas de la cleptocracia neoliberal yanqui. ¿Y qué? ¿Acaso la rica, pintoresca y apacible Suiza, -que se vanagloria de ser una “democracia impoluta”- no es también el refugio de los dineros sucios del mundo, como lo es Florida de todos los terroristas y contra-revolucionarios del planeta, y en especial el santuario de las tenebrosas “Fundación Nazional Cubano-americana y la ALFA 66?

Y es que la “Libertad Made in USA”, -tan nombrada como la madre de Castro por los anticastristas y los proxenetas del imperio en Florida- es sólo un sofisma, una impostura indignante, una farsa convencional, un insultante placebo de la Libertad real. Porque ¿cómo creer en ésa seudolibertad, en la sinceridad y en la bondad de una superpotencia mercantilista que basada en las armas y el dinero toma alevosamente al planeta entero como su feudo, su latifundio, su polígono de tiro?.¿Cómo suponer siquiera que la Libertad pueda ser realmente libre al amparo de la fuerza bruta de un país hegemonista y belicista que la toma como escudo para ejercer su barbarie primitiva en nombre de la civilización moderna? ¿Cómo creer que bajo el sagrado nombre de la Libertad, de la Democracia y de los Derechos Humanos, se le niegue a los pueblos el derecho a su autodeterminación, que es el más elemental de los derechos humanos? ¿Cómo puede afirmarse, sin faltar a la verdad, que existe Libertad o ciudadanos realmente libres donde los ideales sociales humanistas son subversivos, es decir, donde la ideofobia y el servilismo intelectual son una idiosincrasia?

¡Y es a ése gangsterismo institucionalizado, corrompido y corruptor, insolente e indolente, que las colonias latinas, con religiosa candidez, sin pudor alguno, postradas ante el imperio como un vasto campamento musulmán, se adhieren como náufragos desesperados!

Que los yanquis defiendan sus intereses, su idiosincrasia y su “cultura”, es apenas comprensible: si dejarán de ser así dejarían de ser yanquis, y ellos no están dispuestos a renunciar a tan abominable orgullo. Pero que sus victimas, -que han sido condenadas al destierro, al desplazamiento forzoso y la clandestinidad por el despojo y el expansionismo imperialista- los apoyen y aplaudan bajo el eufemismo de la integración social (o asimilación moral ) a la “nueva sociedad”, solo puede comprenderse como el más abyecto servilismo, como el más aberrante masoquismo. Se diría un suicidio colectivo en aras de la conversión al evangelio neoliberal, una auto-limpieza étnica, mas aberrante aún por ser voluntaria.

Y aunque la funesta conversión latina al depravante fundamentalismo de la “cultura” norteamericana, al “American way of living” tiene su Meca en el Estado de Florida, ella es hoy, al igual que el neoliberalismo, una gangrena mundial, una metástasis que afecta de muerte moral la humanidad entera, y en especial a los inmigrantes en los Estados Unidos y Canadá.

Ante ese espectáculo indignante ¿qué pueden o deben hacer las conciencias combativas que luchan por preservar nuestros atributos y nuestra dignidad latinos, nuestra ancestral cultura humanista y solidaria, los valores éticos sociales por los cuales nuestros héroes épicos dieron su vida? ¿Qué hacer para rescatar los latinos extraviados, para redimir los compatriotas alienados?

¡NADA! ¡Nada..., excepto dejarlos que se mueran en su estercolero de iniquidades y bajezas! ¡Que se mueran ya! ¡...y que deshonren la muerte con sus despojos, después de que deshonraron la vida con su existencia!

viernes 23 de enero de 2009

Disponible en:


http://cultural.argenpress.info/2009/01/miami-bitch-y-sus-proxenetas.html

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