25 dic. 2011

La marcha inexorable de la bancarrota capitalista mundial


El capitalismo se cae a pedazos. El producto bruto, en las naciones avanzadas, se está desmoronando en un 10 por ciento anualizado. En los últimos tres meses, los despidos en Estados Unidos han sido de 600 mil trabajadores por mes. La industria automotriz norteamericana se encuentra en vía de extinción: en Alemania se disputan las filiales que General Motors quiere liquidar para recaudar el dinero necesario para un improbable salvataje en Estados Unidos. Los desalojos, en ese país, ya han llegado a 1,8 millones de viviendas.

Detroit, Cleveland y otras ciudades industriales parecen diezmadas por una guerra. California, la séptima economía del mundo, se encuentra en ‘defol’; varios estados y municipios han comenzado a imprimir sus propios ‘patacones’ y ‘lecops’. En Gran Bretaña, el gobierno se apresta a nacionalizar la poderosa banca Lloyds. En España, los presumidos BBVA y Santander se han caído de los pedestales que les inventaron los medios apenas se descubrió lo que en otros países se sabe desde hace más de un año: que al lado de los bancos opera un sistema financiero en las sombras, montado por ellos mismos, que se encuentra fuera del alcance de la regulación estatal. Es así que dos fondos inmobiliarios han debido declarar un corralito por la imposibilidad de hacer frente al pedido de retiro de dinero de sus inversores. De repente, el ‘modernizado´ capitalismo español se encuentra donde nunca dejó de estar: en pelotas. En Francia ya se oyen los redobles de tambores, con sus Antillas en llamas y un ambiente de huelgas en la metrópoli que raja los muros. Otro inmunizado contra la crisis capitalista, Italia, acaba de descubrir que su nave de proa, Unicredit, "más europea que italiana" según sus alcahuetes, está por sucumbir al derrumbe de sus inversiones en Austria, la que a su vez se encuentra amenazada por sus inversiones en Europa oriental. Para salvar a la joya del fanfarrón Berlusconi, la diplomacia italiana ha tenido que recurrir a Libia, no sin antes hacer las reverencias correspondientes en las tiendas beduinas de Gadhafi. El paraíso sueco, que la gorda Carrió invoca como ejemplo para su infiel Argentina, le ha tenido que pedir al FMI que contenga las devaluaciones en los países del Báltico, para que no lleven a la tumba a la banca escandinava que ha copado aquellas plazas. Entre el derrumbe del rublo ruso, el zloty polaco y todas las otras monedas que sueñan con convertirse alguna vez en euros, es precisamente el euro el que está en capilla, estructuralmente aquejado por la incapacidad de los Estados del viejo continente para poner en marcha un plan de rescate común y por los diferentes ritmos y características de las crisis en sus diversas economías. De repente, las deudas públicas de esos Estados se han empezado a cotizar de la forma más disparatada, a pesar de que se negocia en la misma moneda y de contar con un Banco Central que debería operar como rescatista de última instancia. La insinuación de que Irlanda, un país del área euro, pediría el socorro del FMI cayó como una bomba nuclear en Bruselas, porque equivalía a admitir que el Banco Central Europeo estaba listo para ser colgado en el museo del Louvre. Por fin, las llamadas economías intermedias se hunden en forma implacable, como ocurre por ejemplo con Corea del Sur, Taiwán, Singapur, Indonesia y, por último, la misma China, o en América Latina, México especialmente.

Resulta obvio, al cabo de un año y medio de planes de rescate de todo tipo, que la bancarrota capitalista se ha transformado en una crisis política. Es posible que sus estallidos comiencen por las naciones intermedias o de la Unión Europea, pero en ningún lugar se manifiesta más claramente que en Estados Unidos, cuando Obama aún no ha cumplido un mes de mandato. Aunque el presidente afroamericano anunció que la aprobación de su plan de impulso económico, de 800 mil millones de dólares, marcaba el "principio del fin" de la crisis, los acontecimientos que siguieron de inmediato indicarían que ni siquiera estaríamos en el ‘fin del comienzo’.

18 dic. 2011

Se acabó: el Capitalismo no va más, fin de esta historia *

Todos los análisis sobre la actual crisis del capital, tanto los moderados como los radicales, más allá de sus explícitas declaraciones, coinciden en una sola cosa: el capitalismo no va más, se terminó, finito y cualquier intento por sostenerlo, por revivirlo solo provocará que su desplome sea más catastrófico.

Ya está claro que la crisis financiera es un elemento más de la crisis global de la civilización capitalista, creer en lo contrario es simplemente esconder la basura bajo la alfombra hasta que se atiborre de podredumbre y estalle en el corazón del insolente narcisismo burgués que la ha justificar a ambos lados generado.

La despreciada
tesis marxista sobre la baja en la tasa de ganancia, que explicaba el límite interno del propio desarrollo de la economía capitalista, hoy por hoy se cumple por sobre las novelerías liberales-burguesas (keynesianas o neoliberales).

Sabemos que la crisis actual es el desenlace necesario de la crisis crónica de sobreproducción que desde hace cuatro décadas soportan las economías centrales, decir que la intervención del estado para proteger el mercado va a salvarnos de este atolladero civilizatorio es una vana ilusión que puede hacer abortar la última posibilidad de cambiar la historia, y evitar el hundimiento humano en la barbarie y en el colapso ecológico que necesariamente la va a acompañar.

El límite civilizatorio al que hemos arribado nos impone una elección -que debería ser obligada si aún sobrevive la razón histórica, si aún sobrevive la volunta humana de poder desplegar mundo-: o atravesamos el umbral de lo conocido, gastado y acabado, en otras palabras atravesamos la frontera que contiene este destruido ensayo civilizatorio y emprendemos la construcción de otro mundo, o el miedo nos paraliza y desaprovechamos la posibilidad a-histórica que la propia crisis civilizatoria a abierto, es decir nos encerramos en este tiempo histórico y nos autocondenamos a la destrucción humana.

Parece ser que en estas épocas de profundas crisis civilizatoria, donde la historia conocida se paraliza en una especie de compulsión a la repetición paranoica de sus últimos pasos, se abre la única posibilidad de elección real para la conciencia humana. Momento único de libertad para elegir el destino de la humanidad, pues nada garantiza ni asegura que el ser humano se sumerja en la pulsión de muerte y la atraviese produciendo un nuevo acontecimiento histórico, digamos creando otro mundo desde la potencia de su pulsión de vida.

Así mismo, ninguna fuerza trascendental metafísica, llámese Dios, Razón o Fuerzas Productivas, va a impedir que quedemos fatalmente atrapados en la pulsión de muerte, en este caso derrotados por la insoportable angustia de nuestra complicada y crítica existencia humana podemos buscar el sosiego en la muerte biológica de nuestra especie.

Dicho de otra manera, sino aceptamos la muerte simbólica que implica aceptar que el mundo moderno capitalista con todas sus promesas filosóficas, políticas, económicas, tecnológica, e ideológicas terminó y con él el humano concebido y estructurado desde ese paradigma, lo más probable es que tengamos que enfrentarnos a la desaparición de la especie humana, debido a la inevitable catástrofe ecológica y social que esta obsesión de perpetuidad capitalista provoca.

El desgaste de esta civilización parece haber provocado en el ser humano un doble trastorno -social y biológico -. Por un lado, hemos sido presa de un pesado cinismo desde el que sabemos exactamente lo que está sucediendo con la civilización y el medio ambiente y sin embargo mantenemos una fría distancia cómplice y resignada frente a un destino catastrófico asumido como fatal.

31 may. 2011

Desglobalización: Ultimo logro de la crisis global(*)


La colosal burbuja financiera especulativa que era la esencia de globalización ha explosionado como una estrella Supernova creando un agujero negro recesivo que está succionando la economía global. Salir de esta crisis no será fácil porque no existen recursos suficientes para rescatar el sistema financiero.

La escala y la velocidad de la contracción global es hoy sin precedentes con la caída libre de la producción en los países industrializados y la rapidez con que se desglobalizan las exportaciones, las importaciones, el consumo global, la inversión extranjera y el crédito internacional. Robert Zoellick, presidente del Banco Mundial, pronostica que la economía mundial se desinflará de 1 a 2 por ciento este año. Será la primera vez que no se expande desde la II Guerra Mundial. La colosal burbuja financiera especulativa que era la esencia de globalización ha explosionado como una estrella Supernova creando un agujero negro recesivo que está succionando la economía global. Salir de esta crisis no será fácil porque no existen recursos suficientes para rescatar el sistema financiero.

Todas las grandes empresas transnacionales, desde las constructoras de autos hasta las productoras de aparatos electrónicos, ven con alarma la disminución del consumo global de sus productos y optan por reducir su producción, cerrar sus factorías y despedir miles de trabajadores por todos los continentes. Asimismo, los países que contrataban gran cantidad de trabajadores extranjeros están despidiéndolos y tomando medidas contra la inmigración. Se considera que este año habrá entre 22 a 52 millones de desempleados adicionales en el mundo. Hoy, los tres factores de la producción, el capital, las mercancías y el trabajo se están desglobalizando.

Los 36 países mayores exportadores del mundo han disminuido sus exportaciones en un 20% como promedio. También, los países asiáticos que eran las estrellas de la globalización, por la imparable expansión planetaria de sus exportaciones, son ahora el más claro ejemplo de la desglobalización. La China ha reducido sus exportaciones en 18%, la India 12%, Hong Kong 40%,Taiwan 40%, Corea 17% y Singapur 16%. Esta disminución del comercio está dejando miles de barcos, alrededor del mundo, con las bodegas vacías. El comercio de contenedores ha colapsado en un 30%. Todo esto parece indicar que la nueva ley impuesta por la desglobalización es: el que vive exportando, muere exportando. (1)

En todo caso, esta ley se aplica con mucha exactitud a los países latinoamericanos (Perú) que creían que su crecimiento económico -basado en exportaciones primarias- los llevaría hacia el desarrollo. Ahora, con los precios bajos de éstas, todos esos países exportadores primarios salen sorprendidos del mito del desarrollo hasta la próxima bonanza de las materias primas, donde nuevamente volverán a creer que se están desarrollando. Según el reciente Informe del Banco Mundial (Global Economic Prospects 2009), todos los países subdesarrollados serán afectados por una contracción de sus exportaciones que coincidirá con una nunca vista reducción del crédito internacional y la inversión privada extranjera. Esta última ya ha caído en 17%. Además, según este informe, un nuevo aumento de los precios de los alimentos los afectará seriamente haciendo que cerca de 100 millones de personas serán precipitadas a la pobreza.

Cambiando a Adam Smith por Keynes para hacer lo mismo

Para enfrentar esta recesión desglobalizante, los economistas y los políticos, que vivían antes predicando con fervor el pensamiento único neoliberal, han tirado al tacho a Adam Smith, y se han convertido rápidamente en neokeynesianos. Así, ellos han legitimado rescates billonarios que han favorecido a banqueros e inversionistas irresponsables, pero que, según los nuevos keynesianos, eran el mal necesario que había que pagar para salvar al mundo de una gran una catástrofe económica.

Los repentinos neokeynesianos se empeñan en reflotar bancos moribundos, manteniendo banqueros insensatos que se asignan -en medio de la crisis- bonificaciones millonarias. De esta manera, los salvadores del sistema financiero no siguen los consejos de los Premios Nobel Joseph Stiglitz y Paul Krugman, que recomiendan intervenir los bancos insolventes, reestructurarlos, recrearlos o nacionalizarlos temporalmente.

Por otro lado, si los nuevos devotos de Lord John Maynard Keynes se hubieran molestado en leer sus obras se darían cuenta de que éste no estaría muy contento oyendo que su nombre se menciona constantemente para justificar que billones de dólares de dinero público se dediquen para comprar malas deudas y rescatar pésimos bancos, en vez de invertir esos recursos en la creación de empleo como él lo recomendaba.

También se darían cuenta de que todas las soluciones de Keynes eran para aplicarse en economías nacionales cerradas y no en una crisis global, donde se necesitaría coordinar todas las reactivaciones, algo que ahora es imposible porque cada potencia económica está buscando soluciones propias, no negociables internacionalmente, como la ha demostrado la reciente Cumbre del Grupo de los 20, en Londres

Pero lo más grave es que los neokeynesianos están inconscientemente reactivando un modelo económico que es ecológicamente insostenible. El mismo Presidente Obama ha afirmado públicamente que su reactivación tiene como finalidad restaurar el “sueño americano. Es decir, perpetuar un modelo global de sociedad que yo llamo el “Modelo California”, que consiste en un estilo de vida de consumo opulento y dispendioso, muy contaminante, que vomita toneladas de gases que recalientan el planeta y que ha terminado por crear colosales deudas privadas y públicas y una catastrófica crisis global de insolvencia. (2)

5 mar. 2011

América, te hablo de Ernesto

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Un tributo al Che, Silvio Rodríguez
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Che Guevara ONU 1964
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Che Guevara Song: Molotov U.S.K.
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Nathalie Cardone - Che Guevara

1 mar. 2011

El sistema-mundo capitalista y su salida hacia otra sociedad

La debacle del sistema capitalista obedece a la inescrupulosa acción especulativa que ejercen los centros de poder económico mundial en la que están sujetos las economías de los pueblos dirigidos al hoyo de la libre competencia, la demanda y la oferta, el superfluo de los intereses en la bolsa bursátil y la incrementación de la superproducción de los oligopolios sobre la cotización de los precios de los productos en las bolsas del mercado internacional y mundial donde la demanda del mercado están puestos en la especulación de la inversión mercantil que rigen la esfera de las finanzas globalizadas, el precio de la moneda como mercancía (dollar, yens, euro) y el petróleo.

Se trató de otra crisis de sobreproducción, acompañada de una significativa reducción de las ganancias de los grandes consorcios, de perspectivas de agotamiento de las fuentes propias de energía, minerales estratégicos, agua, biodiversidad; extensión del desempleo, grandes flujos migratorios procedentes de los países del Sur y otros síntomas alarmantes.


El colapso del capitalismo no ha ocurrido porque las empresas, la banca y el gobierno han trasladado a las espaldas del salario y de las clases asalariadas toda la carga de adaptar el capitalismo estadounidense a las demandas del mercado. Lo que se llama la "crisis del capitalismo" es en realidad la crisis del trabajo, es decir, la reducción absoluta y relativa de los niveles de vida, evidente en la eliminación de:

a) planes de pensión con fondos de las empresas e incremento en la aportación de los trabajadores a esos planes.

b) eliminación o reducción de pagos a planes de salud y mayores deducciones a los salarios para gastos en salud, o bien pérdida total de la protección a la salud.

c) crecimiento de dos dígitos en los costos de energía, salud, educación y medicinas que no están calculados en el índice de precios al consumidor.

d) la ola creciente de concesiones de líderes sindicales escleróticos que ganan sueldos excesivos, los cuales degradan los niveles de vida e incrementan las ganancias de las corporaciones.

Además, la desregulación de las dependencias ambientales, laborales y de protección al consumidor ha conducido a problemas de salud y pérdida de ingreso para los asalariados y en mayores ganancias para las empresas.

Para una resurrección del radicalismo, de la toma del poder por parte de la clase trabajadora es importante concentrarse no en la tesis del derrumbe, sino en la intensificación y extensión de la explotación de los trabajadores, del medio ambiente y de los consumidores por el capital corporativo, la cual permite a la economía estadounidense continuar creciendo y sobreponiéndose a cualquier tropiezo momentáneo.

Las predicciones de un colapso del capitalismo se construyen sobre un espacioso conjunto de argumentos, que es fácil volver de revés y que desvían nuestra atención de las verdaderas tareas de unirse a la lucha en los lugares de trabajo, en el medio ambiente y en los sitios de consumo.

De todo esto ha resultado un capitalismo y un imperialismo más moderno en sus áreas de gran acumulación, pero a la vez más bárbaro y brutal respecto a la gran mayoría de la humanidad.

Las recetas del gran capital para salir de su crisis estructural han creado una crisis mayor; una crisis de existencia de la humanidad, una crisis civilizatoria, realmente insoportable.

Y el empobrecimiento masivo de seres humanos y naturaleza, la inseguridad de vida, los sufrimientos potenciados, las guerras desatadas, el elevado nivel de la crisis moral, el auge de la mentira y de la delincuencia de Estado, los abusos contra el acervo cultural y la diversidad, el aplastamiento de identidades nacionales y las discriminaciones por género,,razas y edad…han dado lugar a una resistencia creciente y a una contrapartida de luchas y rebeldías de profundo contenido social, anticapitalista, antiimperialista.

En América Latina y el Caribe esto se ha transformado en una nueva oleada revolucionaria con características muy originales.

Es la primera ola de este siglo XXI y la cuarta en los últimos 50 años del Siglo XX.

1-Revolución Cubana y su entorno, Abril 65 en República Dominicana, proceso torrijista en Panamá. 2-Auge de las luchas en el Cono Sur y victoria de la Unidad Popular en Chile 3- Revolución Sandinista en Nicaragua e insurgencias centroamericanas 4-Revolución Bolivariana de Venezuela con su onda expansiva, insurgencia colombiana y auge progresista en Suramérica).
Y esta cuarta ola pinta ser la mas difícil de aplastar y contener tanto por medios políticos como por la vía militar.

Es detestablemente lamentable la situación que cruza la que hace pocos momentos es considerada la súper poderosa potencia económica de Estados Unidos.
Las noticias internacionales en este instante reflejan que hoy son 32 millones de estadounidenses los que están tratando de sobrevivir con cupones de comida que esta entregando el Estado.